En agosto del año 2000 yo era un jovenzuelo mucho mas desparpajado que el jovenzuelo que soy ahora. Era el verano de graduaciones y yo había sido invitado a una de ellas. La graduación de la morrita del rato como ella misma se definía (bienaventurada sea).
Aqui les cuento el susto de ese día. Ya podrán imaginarse, estaba chavito, chavito y creía que tenía un futuro brillante a la vuelta de la esquina. sniff.
***
Se acercaba un hombre. Era un hombre de complexión delgada, correoso, curtido por el sol y la vida, aparentaba unos 50 años.
Dificilmente podía mantener el equilibrio, tenía los ojos inyectados de rojo. Estaba borracho, un filoso y largo machete pendía de su mano derecha. Era su padre.
- ¿Tu lo invitaste?. Pregunto el siniestro personaje, inundando el ambiente con su alcoholizado aliento.
Pasaron
laaaaargos segundos, tensos.
- ¿Tu lo invistaste?. Repitió.
Miradas de confusión. Tensión.
Pensaba que era una ironía muy grande y desagradable que justo esa semana hubiera leído ese cuento de
Garibay, ese que en el papel sonaba tan elegante, tan bonito, tan
repetible y que ahora, ahora estando en esta situación le
parecía absurdo y reprochable. Pinche
Garibay pensó.
Pero podría justificarse. Desesperadamente buscaba alguna atenuante, ¡fue ella la que empezó!, no, no eso estaría mal, ¡yo ni quería!, no no, ¡
nomas fue la
puntita! no, eso sería peor. Vale madre justo ahora que la suerte le sonreía de tan agradable forma. Vale verga pensó, mientras buscaba una vía de escape, para correr como corren los hombres
bragados que se precian de
serlo.
-Si, yo lo invité. dijo ella.
- ¿Por qué?- Pus, nomas porque si.
- Pero para que lo invitas. Si ya sabes que a tu Mamá no le gusta porque se pone a discutir con tus primos.- ¿? ¿? ¿? ¿Quién?- Pues al Adrián, no que tu lo invitaste.- Ah. No al Adrián yo no lo invité.- Ahorita le voy a decir que se vaya.- No, no le digas nada, al rato yo le digo, no te preocupes. ¿Por qué andas así todo mugroso?.- Es que fui a cortar unos plátanos.- Mejor ve a ponerte una camisa limpia, que van a decir los invitados que andes todo mugroso.- Si mijita, ya voy mijita.***
Nunca una tarde tan hermosa y tranquila como después de aquello. Pinche
Garibay pensó.