Caminaba a las dos de la tarde en el recta del panteón al CRIT pensando en cuanta madre. Hacía sol, yo estaba encabronado con el pinche planeta por el hecho de ser planeta. Pero luego ya no iba caminando sino manejando mi camioneta favorita, pero seguía encabronado porque eran mamadas que me estuviera prostituyendo de tal forma por una cuantas lanas, como en el post de salaverga, que en una de esas pinches coincidencias de la vida leí justo ese día. Primero iba solo, pero luego, en el asiento del copiloto aparecía una nenorra bien buena con un escote bien perturbador. Pero yo seguía encabronado con el mundo y pensaba en que soy un pinche orate como en el zoo humano y de puro coraje le pisaba pa'que volara la chingadera y le subía al Recodo, así de chingue su re-madre la vida, pero luego pensaba: no mejor no, pero luego, no pus ya ni pedo y era una recta interminable (como en el cuento de Garibay) en un pinche desierto californiano, o sonorense o coahuilense porque iba tan rápido que no podía concluir.
Y pensaba: ¿Que hago en este puto desierto gris apocalipsis?, en lugar de estar viendo como suben las hormigas en aquel árbol de Xoloxóchitl y escuchando las chicharras y en eso; madres salía volando y pensaba ora si ya valí verga. Desperté en el hospital y llegaba mi jefe que era güero güero que hablaba mal español y que estaba emputadisimo me decía algo así como: para lo otra si no te matas tu, te mato yo. Y yo si señor, no volverá a ocurrir señor, si señor eso haré señor, gracias señor y así. Luego llegaba Tabatita
y decía como eres pendejo ... gracias. De pronto se armaba una mega peda en el hospital y estabamos todos bien a gusto así gente varia como el novio de mi tía la borracha y yo le pedía que no le dijera a mi mamá porque luego se pone histérica y estaban mis amigos los agrónomos y estaba la sabandija asquerosa y había muchas caguamas y bolsa grandota de doritos nachos.
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